Intentando hacer memoria de como y cuando comenzó nuestra pasión por el balón, me vienen un puñado de recuerdos de nuestra infancia.
Las primeras escenas que tengo en la mente se remontan al final de una decada algo lejana, a caballo entre los mundiales de Argentina-78 y de España-82, cuando las aceras de cemento suave y las calles de adoquines eran nuestra segunda casa y los juegos, fueran cuales fueran, siempre nos dejaban las rodillas y las manos negras como el carbón.
Éramos capaces de jugar un partido de tres horas o más a pleno sol en verano entre polvo y piedras, y salir corriendo a refrescarnos a "las 4 fuentes" al grito de: ¡¡ mariquita el último !! .
Hacíamos carreras de fondo dando vueltas a la manzana, a veces oscurecía y seguíamos sin parar buscando el record de vueltas.
Llegábamos hasta los límites de nuestro pequeño mundo, el sábado por la mañana al parque de Entrevías (que lejos estaba), para jugar al fútbol en la hierba, ¡ que pasada !, y al final todos llenos de verdín.
Que curioso, formábamos dos grupitos de amigos, no solo vivíamos en el mismo barrio sino casi todos en la misma calle, pero la rivalidad, los "piques" y el espíritu competitivo estaban ya presentes.
Fuímos capaces de correr la San Silvestre vallecana en pleno verano, sin cortes de tráfico ni premios, la verdad es que estábamos un poco locos.
Y con las chapas hacíamos de todo: la vuelta, la liga, el mundial y hasta las olimpiadas.
Estas cosas y algunas otras nos fueron enseñando valores como el trabajo en equipo, forjar el espíritu competitivo, tener capacidad de sacrificio o aprender a ganar y a perder.
Enseguida nos dimos cuenta de lo emocionante que era unir esfuerzos con otros que buscaban lo mismo, llegar a formar un equipo, hacer piña y conseguir cosas juntos, aunque los logros fueran pequeños.
Nos entraba el fútbol por las venas y poco a poco, mirando, buscando y hablando aprendíamos cosas y nos enganchamos del todo.
Recuerdo las tardes con mi amigo Rulin viendo partidos de los Fuyis en el "poli", al J.Madrid en los "Arbolitos" o en la liga del "Raimundo" al Moyano, que buenos ratos. Era la época que nos entró el gusanillo de competir y la necesidad (al ser poquitos) nos empujó al "futbito" (así lo llamaban entonces).
Y así fueron comenzando nuestras historias, allá por el 85 no había muchos chavales de 16 años que practicaran el fútbol-sala pero nosotros lo elegimos. Como en todas las historias algunos se fueron quedando por el camino y otros fueron subiendo "a tirar del carro", pero tal vez esos nombres y esas historias sean para contarlas en otros capítulos de nuestra trayectoria.
Cualquier recuerdo o comentario que tengáis lo podéis añadir aquí.
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